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Madrid – ¿Hay alguien ahí? – para profesionales, emprendedores y luchadores

     Es inevitable. Todos alguna vez hemos sentido esa extraña sensación de aislamiento, como si nadie reparara en nosotros o nadie nos echara en falta. Y esta sensación se acentúa aún más si la sensación de vacío precede a un periodo de mucha actividad por nuestra parte; se esperaría algún tipo de repercusión, algo de feedback del resto del mundo.

     Las redes sociales pueden suponer una genial herramienta para llegar a conectar personas en extremos muy alejados de nuestro planeta. Pero también puede suponer que el hecho de navegar por internet y no tener respuesta de nadie cree una sensación de naufragio.

A veces nos sentimos aislados en el mundo.

A veces nos sentimos aislados en el mundo.

     Es fácil sentir frustración cuando uno se embarca en cruzadas de larga singladura, en viajes de mucha distancia. Uno pierde fácilmente el rumbo, olvida los motivos por los que inició el viaje, o las razones por las que lo realiza empiezan a tambalearse.

     Por eso conviene recordar que la, hasta cierto punto, libertad que tenemos para trazar nuestro camino es precisamente bella por eso mismo, porque la vamos creando día a día. Por eso, si tiendes a plantearte las cosas con mucha asiduidad te recomiendo que lleves contigo un cuaderno de bitácora o un diario de a bordo. Así podrás en algún momento de incertidumbre echar la vista atrás y observar todo lo que has recorrido, lo que has vivido y lo que has aprendido.

     Y por si acaso te lo preguntas, no. No hay un gran hermano observándote que dé una respuesta equitativa a tu grado de interacción o a la intensidad de la acción que emprendiste. El único que debería analizar la repercusión de nuestras acciones sobre nosotros deberíamos ser nosotros mismos, en el sentido de que pudiésemos así observar cuánto hemos avanzado o mejorado de nosotros mismos.

     Por eso te diría que no importa tanto cuánto lejos llegues, sino el valor de lo que haces en tu viaje. Así que, mejor disfrutemos la travesía, conozcamos a mucha gente, compartamos experiencias, tropecemos y aprendamos de nuestros errores mientras recorremos nuestro camino.